La extraña sensación de estar viviendo en automático
Hay una sensación extraña que aparece sin hacer ruido.
No llega de golpe.
No rompe nada.
No avisa.
Solo… se instala.
Te despiertas. Tomas el celular. Revisas lo mismo de siempre.
Las mismas aplicaciones. Las mismas respuestas.
Incluso los mismos pensamientos.
Y sin darte cuenta… el día ya empezó sin ti.
No es que estés haciendo algo mal.
De hecho, todo parece estar “bien”.
Cumples con lo que tienes que hacer.
Respondes. Trabajas. Comes. Descansas.
El día avanza.
Tú avanzas.
¿O eso crees?
Porque hay algo que no encaja.
Una sensación difícil de explicar.
Como si estuvieras presente… pero no del todo.
Como si todo lo que haces ya hubiera pasado antes.
Y tal vez sí.
Empiezas a notar patrones.
No grandes cosas.
Detalles.
Reaccionas igual ante las mismas situaciones.
Dices las mismas frases.
Piensas las mismas dudas.
Como si no estuvieras decidiendo…
solo repitiendo.
Lo más inquietante es que no se siente como una trampa.
Se siente normal.
Ahí es donde está el problema.
No es la rutina.
Es que dejaste de cuestionarla.
Porque una cosa es elegir hacer lo mismo…
y otra muy distinta es no darte cuenta de que nunca dejaste de hacerlo.
Hay días que pasan tan rápido que no dejan rastro.
Semanas que se sienten como un solo día largo.
Momentos que no recuerdas haber vivido… solo haber atravesado.
Y entonces aparece la pregunta.
No fuerte. No dramática.
Solo incómoda.
¿En qué momento dejaste de estar realmente aquí?
No fue un día específico.
No hubo un punto exacto.
Fue gradual.
Pequeñas decisiones que dejaste de tomar.
Pequeños hábitos que empezaron a decidir por ti.
Pequeñas repeticiones que se convirtieron en estructura.
Como si alguien hubiera dejado un script corriendo…
y nunca lo detuviste.
Y lo curioso es que, desde afuera, todo sigue funcionando.
No hay errores visibles.
No hay fallos críticos.
Pero por dentro…
algo se siente desconectado.
Porque vivir en automático no se ve como un problema.
Se ve como estabilidad.
Como rutina.
Como “tener la vida en orden”.
Pero en el fondo…
es ausencia.
Ausencia de elección.
Ausencia de presencia.
Ausencia de ti.
Tal vez no estás perdido.
Tal vez no estás haciendo las cosas mal.
Tal vez…
solo llevas demasiado tiempo sin detenerte a mirar si realmente estás decidiendo…
o solo continuando algo que empezó hace mucho.
Y eso cambia todo.
Porque si te das cuenta…
aunque sea por un segundo…
ese automático deja de ser invisible.
Y en ese momento,
por primera vez en mucho tiempo,
vuelves a estar ahí.